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Fe en Hawaii

"Mi carro no llega hasta allá", y las palabras me mataron la ilusión. De verdad tenía muchas ganas de ir al Valle de Waipio ese día. La paciencia dio los frutos.
Dos horas después íbamos montados en un carro forrado de negro y con pinta del batimóvil (el primero primero y como si hubiera sido usado desde entonces) que amenazaba con desbaratarse. Incluso en algún momento del recorrido se soltó una parte del panorámico. (Unos días después, el batimóvil sufriría un accidente del que no se recuperaría, y al sol de hoy mi amigo no tiene un transporte propio).
No llevaba mucho tiempo en Hawaii, y a mi compañero de viaje lo conocía poco, pero el viaje nos bastó para contarnos de nuestras vidas. De nuevo escuchaba de boca de un local la emoción de ser descendiente de una raza de guerreros, un hombre orgulloso de quien es y de donde viene. Muchas de las historias que me contaba parecían sacadas de un libro de mito, pero para ellos, lejos de ser un cuento mágico, es la historia tradicional, su legado.
Una vez logramos llegar al mirador (lo cual ya era un acontecimiento), mi amigo dijo que teníamos que caminar hacia abajo, porque
definitivamente no había forma alguna de que el carro bajara en una sola pieza. Cuando comenzamos el camino supe por qué. Solo camionetas subían, y muchas con bastante dificultad.Veíamos a los deportistas animados subir, y la respiración se podía escuchar de lejos. A una mujer le pregunté cuánto había demorado en subir y me dijo: "es lejos, como veinte minutos". En principio, me alegré y pensé, por qué vienen tan cansados si son solo veinte minuticos de subida.
Bajar nos tardó casi una hora, así que supe que la subida sería un infierno y pensé que la mujer que nos había dado el dato errado o se las estaba dando de tesa, o de verdad era tesa, pero hoy (y como disculpa a un comentario de un post anterior), me di cuenta de que el "problema" de los deportistas es que se pierden en el paisaje, lo adoptan, lo viven, lo respiran. Les cuesta menos que a mí, que me detengo con la camarita en cualquier lugar. ¿Qué importa el tiempo cuando lo disrutas?
Por el camino vi una roca gigante que interrumpe la ya incómoda carreterita. Tenía ofrendas encima, cosa que me pareció muy
curiosa. Mi amigo me contó que cuando construyeron la carretera, quitaron la piedra y la pusieron en otro lugar. A la siguiente mañana la roca estaba de nuevo en el lugar inicial. De nuevo la movieron con el mismo resultado al siguiente día, Decidieron que la piedra debía estar ahí por alguna razón desconocida y que lo mejor sería dejarla donde estaba. Desde entonces le ponen ofrendas a los espíritus que puedan estar involucrados con las razones de la piedra para estar en ese lugar.
En el camino hacia el valle, me advirtió mi
compañero sobre las casas de los vivientes. Los locales del sitio no se sienten muy felices de recibir tantas visitas, y no dudan de usar "otros métodos" para los que entren en sus propiedades (qué poco viven el aloha jejeje). Lo cierto es que me pareció una exageración de su parte hasta que empecé a ver cascos de balas en el piso. La cosa es que cuando uno tiene sangre veleña corriéndole por las venas no tiene derecho a criticar esos gestos.
El valle resulta ser un maravilloso encuentro entre el mar y el río. La playa de arena negra por
un lado (que se va transformando poco a poco en tierra), con palmeras, y por el otro lado, el río rodeado de árboles. A lado y lado del valle habían cascadas, una maravilla tras otra.
Las olas en ese día estaban bastante altas causando que el río corriera caudaloso y rápido por momentos, inclusive casi se lleva una niña (ahí en la foto se pueden dar una idea). Hacia el lado contrario de la playa, por el camino rodeado de casas, se encuentra la ruta que lleva hacia una de las cascadas. Es un sitio para acampar, y hay rutas de has cinco días para explorar (por si alguien se anima). Eso si no los dan miedo los Menehune que, según dicen,

abundan en ese valle.
Dice la leyenda que los Menehune son como enanos mágicos, muy humanos, se me hace a mí (en el mejor y peor sentido de la palabra) porque a veces son muy buenos y a veces son muy malos. Hacen tratos con humanos y con dioses y piden algo a cambio por ayudar en algunas tareas. Cuando algunos nativos contaban las historias, se enfrentaban a otros que no eran locales que se reían de las leyendas, pero ellos defendían su verdad, siempre alguno de su familia vio a alguno de
estos personajes, y el amigo de un familiar lejano hizo un trato con uno de ellos.
Una de las leyendas más bonitas dice que los Menehune que habitan una montaña sin pico, querían arrancar el pico de otra montaña para insertarlo en la propia. Entonces, los pequeños y muy juiciosos trabajadores, se dieron a la tarea de cavar alrededor del pico (y efectivamente la montaña parece que hubiera sido cavada alrededor). Estos personajes solo pueden trabajar de noche, así que apenas se asoma el día deben parar de trabajar. Pero ¿qué hace que se asome el día?, El canto del gallo. El Moanuiahe'a, que es un dios en forma de gallo grande, cantaba y les impedía seguir trabajando. Los menehunes estaban muy enojados con él, y se organizaron para atraparlo, matarlo y comerlo al Kalua (metiéndolo en un horno bajo la tierra). Lo que no sabían es que este gallo no solo era un dios que llamaba el día, sino uno protector de un pozo sagrado que se encontraba en la montaña que estaban intentando despicar (ese es mi término personal para decir que le iban a quitar el pico), estaba también a cargo de no permitir que
los Menehune se llevaran el pico por mandato del dios Kane que era un dios grande con los que no se juega.
Los enanos lograron su cometido,o eso pensaron. Atraparon el gallo y lo metieron en el imu (el horno bajo la tierra), pero cuando fueron a ver el gallo no estaba. El dios Kane lo había revivido con el agua sagrada y estaba listo para cantarles de nuevo el amanecer. Ese día, después de que se marcharon los Menehunes, llegó un gran guerrero y advirtió que no podían llevarse el pico. Les prohibió la entrada a la montaña para siempre.
Les dejo con una mariquita el acostumbrado mapa.



2 comentarios:

  1. Buen relato de viaje. El lenguaje sencillo es efectivo en la narración. La recopilación de las historias y mitos populares deja en claro destreza a la hora de transformar la versión oral en versión escrita, además de aportar un rico contenido al relato.

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  2. Muchas gracias por el análisis halagador, Alejo :)

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